Afortunadamente no tenemos mucha fauna marina peligrosa en
el Cantábrico, aparte de algunas medusas y unos pocos peces que pueden provocar
algún incidente entre los bañistas veraniegos o entre los pescadores
aficionados. Sin embargo, alguno hay potencialmente mortal...
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| Pez araña pescado al curricán. Son tremendamente voraces y un peligro para el pescador. |
Peces araña o salvarios (en euskera, saburdin, sabiron). Sin
duda el peligro más habitual de las playas cantábricas junto con la resaca.
Estos peces tienen la costumbre de esconderse en la arena dejando fuera los
primeros radios de la aleta dorsal que cuentan con glándulas venenosas.
Tenemos presentes dos especies; la araña menor (Echiichthys
vípera), que habita arenales a poca profundidad, y la araña o escorpión
(Trachinus draco), de mayor tamaño y que suele habitar fondos arenosos o de
grava a mayores profundidades.
Este último tiene cierto interés pesquero ya que a
finales de la primavera suele formar nutridos bancos en aguas libres,
abandonando el fondo para reproducirse. Es un pescado de carne tiesa y de poca
espina, muy apto para sacarle los filetes.
Sin embargo, el más pequeño de los
peces araña, a pesar de ser menos abundante, es el causante de la mayoría de
las picaduras que se producen entre los bañistas veraniegos, ya que se entierra
en la arena muy cerca de la orilla de playas y rías, sobre todo en los meses de
verano. Hay veces que los socorristas tienen que izar la bandera roja ya que
ocasionalmente en un día de gran actividad se pueden producir decenas de
ataques en una playa concurrida. La única manera de evitarlos es bañarse con
escarpines o sandalias de goma.
En el caso de haber pescado alguno, hay que extremar las
precauciones a la hora de soltarlo; siempre inmovilizarlos por la cabeza con unos
alicates o ensartarlos con un tenedor. Una vez quitado el anzuelo, cortar de un
solo tajo la cabeza y la aleta dorsal de púas negras. Ojo, porque incluso si nos pinchamos con algún ejemplar muerto, el veneno sigue actuando.
La picadura es muy dolorosa y si no se actúa rápido, el
dolor y las molestias pueden incapacitar totalmente a una persona durante un
buen rato.
En primer lugar, hay que limpiar la herida con suero salino y un
antiséptico, como el agua oxigenada, para arrastrar restos de tejido y espinas
que hayan podido quedar incrustadas.
Después hay que meter el pie o mano herida
en agua cuanto más caliente mejor, ya que el calor inactiva parcialmente el
veneno (he aquí la sabiduría popular, que recomendaba orinar sobre las picaduras).
Finalmente aplicar una pomada que contenga cortisona y un antiinflamatorio o
anestésico local para mitigar la hinchazón y el dolor.
Antiguamente, cuando no había más que gasas y mercromina en
los botiquines, los socorristas de las playas del País Vasco, después de lavar
la herida con amoniaco, aplicaban sobre ésta un cuerno de cabra que, apretando
absorbía el veneno. Después lo raspaban y lo dejaban preparado para el
siguiente incauto bañista que se había metido al agua sin las consabidas
sandalias cangrejeras. Yo mismo fui varias veces testigo del efecto casi mágico
del cuerno de cabra, recuperando en instantes a las doloridas y mareadas
víctimas de los salvarios.
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| Rascacios y Doradas capturados por una embarcación de pesca artesanal |
-Cabrachos (kabrarocas): El Cabracho (Scorpaena scrofa), el
Rascacio (Scorpaena porcus) y la Escórpora (Scorpaena notata) son las especies
más comunes en el Cantábrico, pertenecientes a la familia de los escorpénidos.
Todos presentan espinas venenosas, sobre todo en el dorso y en la cabeza. Son
excelentes pescados para su consumo, sobre todo el cabracho, que es el que alcanza el mayor tamaño. Se diferencia por tener los radios espinosos dorsales más largos
(en euskera, espiluze) y una gran mancha negra en la mitad de esta aleta. Viven en
fondos de piedra y escolleras, camuflados en las grietas o entre las algas y habitualmente
pueblan las aguas costeras someras hasta algunas decenas de metros de
profundidad, pero puedan descender a cotas mayores.
Son peces muy resistentes e
incluso pueden sobrevivir mucho tiempo fuera del agua. Los ejemplares jóvenes pueden encontrarse en las charcas intermareales de zonas rocosas.
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| El Cabracho posee unas espinas dorsales muy largas. |
Hay que tener cuidado al manipularlos ya que son un
acorazado de espinas, y, aunque no todas sean venenosas, se te puede infectar la
herida, ya que al ser espinas muy robustas pueden producir edemas.
No son
tan venenosos como los peces araña y el pinchazo no es tan doloroso. El que
suscribe ha sufrido un par de veces sus consecuencias; un poco de escozor e
hinchazón local en la herida unido a un ligero mal cuerpo que se pasa
bastante rápido. El tratamiento sería idéntico al comentado para la picadura
del salvario.
Si pescando capturamos algún ejemplar, lo mejor para
inmovilizarlo y quitarle el anzuelo es cogerlo de la mandíbula inferior cuando
tienen la boca abierta.
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| Pastinaca: obsérvese el aguijón al inicio la cola |
-Rayas con cola de látigo: Existen varias
especies de rayas de la familia de los Dasiátidos llamados en general Chuchos o
Pastinacas (en euskera, bastanga) y de los Miliobátidos: pez águila y pez obispo (
eusk: tramana), éstos últimos emparentados con las mantarayas.
Las más comunes
son Dasyatis pastinaca y Myliobatis Aquila.
Todas ellas tienen una larga y fina
cola en forma de látigo, en cuya base, insertos por la parte superior, poseen
uno o varios aguijones, a modo de cuchillas dentadas y cubiertos de una especie
de moco venenoso.
Aunque no son agresivas, el roce con la cola puede producir lesiones
punzantes muy dolorosas y cortes graves, que se infectan muy fácilmente e
incluso necrosan los tejidos heridos, por lo que además de limpiar bien la
herida y sumergir ésta en agua bien caliente del mismo modo que con las
picaduras de otros peces venenosos, convendría acudir pronto a un centro sanitario
para ponerse la vacuna antitetánica e incluso un tratamiento antibiótico.
Como pasa con cualquier picadura, puede haber personas más alérgicas por lo
que los síntomas se podrían potenciar complicando el cuadro clínico.
Constituyen una de las principales atracciones en los
acuarios, como el de San Sebastián. Son muy listas y descaradas e interactúan
con los buzos cuando les dan de comer, incluso robándoles los peces o calamares
que sirven de alimento.
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| Raya águila recién pescada |
Aunque son comestibles no tienen interés culinario.
Si
pican en los aparejos deportivos son unos luchadores muy poderosos, tanto si se
han pescado desde la costa como desde embarcación. Ofrecen una gran resistencia
al levantarlas del fondo para posteriormente intentar escapar con largas
carreras ya que son extraordinarios e incansables nadadores.
Viven sobre fondos
blandos, alimentándose sobre todo de moluscos y crustáceos que trituran con su
poderosa boca recubierta de placas óseas.
Les gusta penetrar en bahías y
ensenadas abrigadas cerca de playas y estuarios. Pueden llegar a pesar más de
20 kilos y medir 2 metros de ancho.
Afortunadamente, ataques de rayas son rarísimos en el
Cantábrico. Hay que tener en cuenta que las concurridas playas llenas de
bañistas en el verano van a ahuyentarlas, pero cabría extremar las precauciones
por la noche o en playas aisladas.
La recomendación es desplazarse, al entrar
en el agua, arrastrando los pies en vez de dar pasos, ya que de esta forma se
apartarían y evitaríamos pisarlas.
-Pez globo oceánico o Tamboril: Es el único de los representantes de la familia de los
peces globo o tetraodóntidos que podemos encontrar en aguas del Cantábrico.
Se
trata de un pez grisáceo y fusiforme de hasta 60 cm de largo, pero que cuando
está en peligro se hincha como si fuera un globo.
Es un pez pelágico y
habitualmente oceánico, aunque muy ocasionalmente se acerca a la costa, e
incluso aparece varado en las playas durante la bajamar.
Lo mejor es no tocarlo
por que tanto su piel como su carne son venenosas. Por si fuera poco, su boca en forma de
pico es muy potente y de un mordisco te puede romper un dedo. Como todos los
peces globo, su carne es tóxica y se le considera culpable de haber producido
envenenamientos fatales al consumirlo.
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| Tamboril capturado pescando a la cacea junto chicharros y obladas. |
Es un pez muy nadador y voraz que no duda en atacar los señuelos
cuando estamos pescando a la cacea tras chicharros o lubinas.
Su presencia en
la costa es muy rara. Las veces que lo hemos pescado han sido siempre a
principios del otoño.
Tras la picada, te llevas una buena sorpresa ya que
aparece de repente en superficie como si fuese un balón de playa. Al
manipularlo, para quitarle el anzuelo, mejor hacerlo provistos de guantes y
unos alicates. Tras un par de minutos se deshincha su panza y recobran su
aspecto original, siendo el cuerpo más bien liso y sin escamas aparentes.
Así que, incauto bañista, nunca está de más protegerse un poco durante nuestra estancia en la playa y en el mar. Un día perfecto puede terminar con un susto propinado por estos "amigos"...